08 junio 2008

sabado, en una mala pelicula

Me siento como viviendo una película con un mal guión… en una de esas escenas inconducentes, en que el protagonista se siente tan solo después de salir de un bar que se pone a caminar por las calles vacías, mientras ve por las vitrinas como las parejas se besan y sonríen al calor de las velas… yo, el protagonista, camino cabizbajo y de pronto se pone a llover. Trato de buscar refugio, pero me doy cuenta de que ya todo está lo suficientemente echado a perder en mi vida que da lo mismo mojarse o no. Miro a todos lados y sigo caminando. Trato de prender un cigarro, aunque no tengo fósforos. De fondo suena una canción amarga de desamor.

Parezco, pero no estoy triste, sólo vivo un mal momento del guión. No suena ninguna canción de fondo, pero tal vez sería bueno silbar algo de los “Ángeles Negros” para sentirme en la mala película (Y volveré, canción que debo de recordar incluir en la lista de sound tracks de mi vida). Algo bien cebolla que me recuerde la desgracia de no tener un sentimiento que me conmueva. Sólo arrastrada por los ríos de la vida que van a dar hacia la mar. ¡Qué mala frase, incluso en una mala película!. Sigo caminado, pero sin cigarros. Debo confesar que fumar ha sido una de las peores decisiones que he tomado en la vida: ahora, no puedo dejarlos y gasto más plata de la que tengo. Los cigarros sólo han servido para mejorar la relación con mi hermano: tenemos una excusa para conversar un rato, al menos durante los cinco minutos que dura un cigarro. Aunque ni siquiera eso sea reconfortante, porque él fuma más rápido que yo y, de los cinco, sólo conversamos durante dos. Bueno, peor sería no hablarle.

Sigo en mi película. ¿Qué escena podría ser aún más patética?. Creo que el estar escribiendo un sábado en la noche, mientras espero eternamente a que una amiga me confirme si saldremos o no. Se hicieron las doce y nunca llamó. Me quedé esperando, así como a muchas otras cosas que esperé que me pasaran hoy. Nada pasó. Sólo desperté tarde y seguí durmiendo… me levanté porque ya era descaro permanecer más tiempo mientras todos hacían cosas. Acompañé a mi madre a la feria, paseo que increíblemente no fue capaz de estimularme, incluso me deprimió más, porque llegando a mi casa, vimos a una señora de unos ochenta años que esperaba con la mirada perdida aferrada a una reja. Me acordé tan profundamente de mi Margarita. Y se me quedó pegado el recuerdo. No recuerdo cómo, pero desde eso, llegué hasta las nueve de la noche y seguía sin hacer nada. No me miren como si fuese una depresiva y frustrada mujer que no atina a cambiar: estoy segura que todos han tenido un día así. Muerto. Y estoy agotada (risas de fondo), sí… agotada de estar todo el día pensando que hacer para cambiar. Me pongo a pensar en la hipotética conversación con un terapeuta:

–Dígame Valeria, ¿qué la trae por acá?
–Bueno, no sé. Quiero cambiar las cosas en mi vida, pero lo máximo que consigo es arreglar todo por un rato, unos días a lo más y vuelvo a tener la misma actitud emotivo-afectivo-depresiva de siempre.
–Ajá!... continúe…
–Pienso constantemente en cuál es la raíz de mi problema y he llegado a concluir que se debe primordialmente a una falta de autoestima que se ha ido acentuando progresivamente, gatillada en gran parte porque siento que no soy un aporte a la sociedad, ni a mi familia, ni a mis amigos. Incluso, en el último tiempo, siento que he decepcionado a varias personas prometiendo ciertos comportamientos que luego no he sido capaz de sostener.
–mmm… veo que tiene bastante avanzado el análisis. Me parece bastante positivo que enfrente sus problemas y tenga una descripción tan acabada de ellos. Pero dígame, ¿porqué cree que yo la puedo ayudar?
–Eso dice la gente: ve aun psicólogo, él te puede ayudar.
–mmm…
–Y bueno, mi madre ya no soportaba que llegara todos los días con el ánimo por el suelo y me recomendó hacerlo.
–¿Qué tal está su red de apoyo?
–De salud, bien. Gracias por preguntar.
–¿Ha intentado hacer algo para subsanar el problema que la aqueja?
–Sí: yoga, pilates, correr, escribir, leer, tomar helados los martes a las tres, salir a bailar (sola y acompañada), estudiar, saltar a la cuerda, tirar cojines, pensar tres horas seguidas encerrada en el baño, llorar, conversar con parte de mi círculo de familiares, amigos, vecinos, conocidos, incluso con algunos desconocidos, conectarme a Internet, escuchar música…
–Perdón que la interrumpa: ¿qué tipo de música?
–De todo un poco: boleros, rock pesado, reggueton, pop, música hindú…
–OK. Creo que sé cuál es su problema…
–En serio???
–Sí: sólo está viviendo una mala escena del guión.
–¿Hay algún remedio?
–Debe esperar que se acabe la escena y ya…