
Katty lo miraba de reojo cada vez que pasaba por su lado. Seguía cada gesto suyo aunque tuviese que correr a atender a los demás clientes. Incluso cuando debía ocuparse de la cocina procuraba verlo en algún reflejo para saber cuando se iría. Sin embargo, no necesitaba mirarlo. El esperaba a que fuese ella quien le trajese la cuenta, momento que aprovechaba para mirarla y coquetearle un poco. Katty sabia que lograba su atención cada día a la hora del almuerzo.
Un día él la invito a salir. Ella ansiaba el momento de que él quisiera algo más y agradeció que hubiera llegado el día. Katty aceptó y quedaron de verse a las seis. Él se portó con ella como nadie la había tratado jamás, aunque sólo fueron a tomar algo y a caminar por Providencia. Tres días después de eso, él la invitó a su departamento y ella no se fue hasta el otro día. En su trabajo no notaron que llevaba la misma ropa del día anterior.
Un día él la invito a salir. Ella ansiaba el momento de que él quisiera algo más y agradeció que hubiera llegado el día. Katty aceptó y quedaron de verse a las seis. Él se portó con ella como nadie la había tratado jamás, aunque sólo fueron a tomar algo y a caminar por Providencia. Tres días después de eso, él la invitó a su departamento y ella no se fue hasta el otro día. En su trabajo no notaron que llevaba la misma ropa del día anterior.
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