07 abril 2007

good girl

Estaba comprando mi pasaje, cuando un tipo se me acerca.

— ¿Tienes fuego?—
— No fumo—
— Te verías bien con un cigarro—.

Yo me doy vuelta, evitando que vea mi risa. Es lindo y, como dirían en el campo, tiene todos sus dientes. Antes de que pudiera reaccionar, me toma por la cintura y con voz suave me dice: “Vamos por un café”.
Actuando por instinto, lo sigo. ¡No sé por qué lo sigo!. Tal vez sea que me atrajo su impertinencia al “imaginarme fumando”. O que desde hace un tiempo esperaba que me sacasen de mi rutina invitándome a un café. De cualquier modo, estoy caminado junto a un tipo que no conozco, hacia un lugar que desconozco. Nos detenemos frente a un local chiquito, que pareciera estar ocultándose entre tanta vitrina fluorescente. “Pasa”, me dice, y yo, actuando otra vez sin pensar, entro.
En el lugar sólo hay unas cinco mesas. Un tipo detrás de un mostrador y una pareja de ancianos. Me siento en una mesa cerca de la puerta (a estas alturas, casi un residuo de precaución), espero a que él haga lo mismo y, sin embargo, se dirige hacia el tipo que atiende. Le dirige unas palabras y vuelve junto a mí.

— Le pedí que nos trajera su mejor café— me dice medio en broma y se sienta—. ¿Cómo te llamas?
— Valeria—.
— Me gusta tu pelo, Valeria —.

(Lo sé, la conversación parece sacada de una película, donde al final él es el sujeto malo y yo la doncella en peligro. Pero esto no es el cine)

— Y tú, ¿cómo te llamas? —.
— Gustavo — me mira y sonríe una vez más—. Ahí nos traen el café.
— ¿Qué edad tienes?—.
— Veintidós, y tú? —.
— Diecinueve —.
— Respóndeme algo: ¿Por qué viniste hasta acá? —
— Ja! Tú me trajiste —.
— Pero no nos conocemos —.
— Lo sé — respondo seria.

Él se vuelve a reír y prueba el café. Al parecer no le gusta. Toma una servilleta y se limpia los labios. “Venir a tomar alo fue simplemente una excusa”. Los dos lo sabemos. Conversamos un rato y me entero de su vida. Ha pasado una hora y estamos envueltos en una conversación absurda sobre la confianza. Me reprocha el que crea que sólo confiamos tras conocer a las personas y que, aún así, lo haya seguido hasta este lugar. Tiene razón. De pronto, me hace una pregunta que ya ansiaba:

— ¿Me darías tu número?

Ya van tres días y no me arrepiento de haber confiado.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿estarás dispuesta a que no haya sido en vano dar el número? en cambio de otra que se queda con la curiosidad de averiguar si el de la caja de vino en la micro es o no un psicópata de brazos cicatrizados, jejeje :P

All You Need Is Love!!!!!!!! dijo...

VALERIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, mas te vale q sea muyyyyyyyyyy lindo el tipo para haberlo acompañado, mejor ni le cuentes al ma, sino quieree aq no te deje salir en dos meses jajjajajajjaja si ohhhhhhhhhhhoye ya te cre tu flog y te subi una foto xcq os i no no sirve te quiero xau y de ahi me cuentas todoooooooooooooooooooo

Anónimo dijo...

aaaaaaaaaaaaahhhhhhhh
necesitamos juntacion!!!!!!

jajaja

aios*
......rOm!x*

Cristobal Salazar dijo...

da lo mismo si es rico o no... si te gusta, o si te agrada su pernsona. o si te hace sentir bien... o si quieres tu hacerlo bien da lo mismo que piensen los demas...

no me la creí
de película

aparte siempre como que le meten el café y los cigarros pa las historias pa que suenen cool...

veremos en que continúa..aunque igual lme queda unp poco la sensasion de q es tollo ..pero un poco...es muy fantasiosa la historai..pero si es de verda.. deveritas que me asombra mucho

Anónimo dijo...

emmmmm...tnto tiempo piba......tu historia....creeme ke descubri ke soy muy credulo...o kiza ke me atraen demasiado las historias de omision y obviedad.....esa de complices y frases cliches...

En fin...esa una wena historia inglesa....o ne mejor aun...tipika de los cafs literarios de merded....

quidece mucho...un gusto hablar contigo...ojla juera mas seguido

aiozz