09 octubre 2008

vienes el domingo de visita

Vienes el domingo de visita. Es tu casa, pero ya no huele a ti, la poca ropa que queda en el armario la desecharé apenas te vuelvas a ir. Hace dos semanas que no nos vemos. Hoy llegas, me pides algo para tomar y te sientas a ver el diario. No preguntas por los niños. Podría decirte que están muertos y tú no te inmutarías. Ya no te ríes. Ya ni siquiera sonríes por la rutina de saludar al llegar. Ésta dejó de ser tu casa, no me lo niegues. Sé que ya no te importo, pero que llegues con esa despreocupación me atormenta. Pareces un muerto en vida, un alma que no sabe hacia donde guiar sus pasos. ¿Porqué sigues volviendo los domingos a la una?. Ya no te pido dinero, ya no necesitan mis hijos de tus cariños, pues se acostumbraron a la ausencia permanente. Te miro el borde de los pantalones y se nota que no tienes una mujer a tu lado. Me abandonaste sólo porque no soportabas que intuyera tu pena, tu desconsuelo con la vida o el qué se yo que te tiene así. No intentes ahora conversar de trivialidades, sabes que podemos prescindir del espectáculo: estamos solos. Puedes ahorrarte la máscara de tranquilidad que te inventas frente a los otros. Te conozco. Me conoces lo suficiente como para suponer que no soporto que te hagas el desentendido. Prefiero el silencio, tu pena sin atavíos, que me provoca menos rechazo que las ganas tuyas de creerte fuerte y feliz.

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