21 julio 2008

todo es ficcion...

No hay café ni hombres desconocidos en esta historia. No hay pretensiones en mi actitud, no hay novedad en la actitud de él. Las posibilidades imaginables de lo que ocurrió son mínimas. Tal vez ya lo esté diciendo todo con reconocer que no pasó nada tras el encuentro. No habrá tampoco nada nuevo en la forma en que nos topamos. Él venía en una micro y al bajar y caminar unas cuadras hacía donde debía ir, se encontró mirándome como cuando estábamos juntos. Yo paseaba con una amiga, que por coincidencia ya debía irse. Él reconoció que me estuvo siguiendo un tiempo, que no se atrevía a acercarse a hablarme, pero cuando vio que quien me acompañaba se despedía, tuvo el impulso de pronunciar mi nombre y forzar una conversación. Yo no lo veía hace tiempo. Había incluso dejado de recordarlo como antes. Me sorprendí al verlo. Estuvimos algunos segundos en silencio, hasta que reaccioné y lo saludé sólo con un hola. Él se me acercó, me besó en la mejilla y me sonrojé. Hablamos un rato acerca de lo que hacíamos desde que nos dejamos de ver. Caminamos un rato, buscando algún lugar que nos sirviera de excusa para retrasar la despedida. Al parecer él se olvidó que antes de encontrarme se dirigía hacia algún lugar. Yo lo miraba extrañada, perdida en lo cercano que me parecía estar de mi vida aún. Él, sin impulsarlo yo, empezó a reconocer culpas que yo había olvidado. Traté de indagar en ellas, pero como si una señal de alarma se encendiese, él dejó de culparse y me reprochó que le pidiera explicaciones a estas alturas. Él hizo evidente la distancia, pero luego fue él mismo quien estableció otra vez la complicidad al recordarme aquella vez en que antes de estar juntos, nos escabullimos de los amigos para estar solos y poder besarnos sin pudor. En ese punto yo ya había recordado cuánto lo amé.
Creo que hay muchos gestos que delatan la confusión interna, pero pocos que son capaces de decirle claramente a una persona que aún remueve nuestro mundo. Yo sólo atiné a mirar el suelo y sonreírme cuando él hablaba de volver a encontrarnos y no dejarle todo el mérito al azar.

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