16 febrero 2008
todo por una buena poesia
Salir y encontrarse con una mirada distinta. Caminas y, casi sin ver, pasan frente a ti alegrías y penas que ignoras. Un verso ha quedado flotando en tu memoria. En ese instante el mundo se detiene, como si te topases con “esa” mirada; los otros, si es que existen, ya no cruzan a tu lado. Las palabras se consumen antes de asomarse a los labios y te quedas con un sentimiento innombrable pero que reconoces, es tuyo, es lejano, te conmueve por saberlo tuyo. Nueve de la noche, hace frío, vienes de estar con mucha gente y ahora que no estás con ellos, te sientes tanto o más acompañada que antes. Has oído… has visto… sientes como la primera vez, el presente es todo y lo que viene ya no te provoca miedo: es una promesa. Hace un rato importaba la compañía, importaba el amor, importaban las promesas. Ahora es sólo el presente, el instante justo antes de sentirte en otra galaxia o en una pradera justo después de haber llovido. Es que ya no se puede mirar alrededor si has escuchado poesía, si has superado los límites del tiempo junto a aquellas palabras inmortales. Estás más allá, disfrutando el momento (¿momento?) en que surgen los versos como magia, el instante único y a la vez perpetuo en que alguien crea.
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