05 mayo 2007

Olivia

Olivia está recostada a oscuras, mirando hacia el sucio techo. Mientras permanece invadida por sus pensamientos, el viento hace lo suyo limpiando la habitación bañada de suspiros. Un día en silencio se ha vuelto asfixiante. No quiere estar sola, mas las circunstancias han jugado en su contra. Así, sin compañía, sin ruido, sin inspiración, mira a su alrededor y vuelve a suspirar por culpa de todo ello. Si algo puede hacer, es simplemente dormir y acabar de una vez con el día.
En un instante, todo cambió: el aire dejó de atizar el ambiente, cesaron los suspiros, el silencio se tornó más profundo y emergió de las tinieblas una presencia nueva. Olivia se estremeció. De entre las cortinas apareció un hombre. Ciertamente, era más que un hombre: casi una fantasía convertida en hombre. El silencio se volvía cada vez más denso, impenetrable. Cinco minutos se volvieron eternos. Ella lo miraba absorta; él, le sonreía. Olivia, enmudecida, intentaba comprender que le atraía de su angélico visitante, pues éste era capaz de infundirle los más diversos sentimientos: amor, ternura, deseos de ser protegida por él. Quería abrazarlo, abalanzarse sobre su cuerpo seguro, besarlo. Sólo una vez creyó que estaba soñando: no era posible que existiese alguien como él. Soltó un suspiro sin quererlo; no deseaba arruinar el momento con sonidos torpes. Pero él sí habló:

—Es la hora de su medicina.

Ella despertó de su ensueño al escucharlo… No era la primera vez que él venía a rescatarla.

1 comentario:

Maquita! dijo...

Uuuyyy!!!



q lindo!-...aunq triste. es como esas fantasias, cuado uno idelaiza un amor...erroneaMENTE ESO SÍ...

Tu lo hiciste???... Esta bueno, lo voy a copiar, pero pa tenerlo en mi ca no más...


cariños...saludos...!