Una voz afectada, quizás forzadamente afectada en una mujer de unos 30 años. Está casada. Le cuenta a su amiga lo que le pasa. Yo no creo en la gente que habla cual psicólogo de los problemas que le afectan, es como la frase: viene de cerca la recomendación. Pero ella utiliza este recurso y le resulta. Tiene el pelo negro, amarrado en una cola que habla de su tristeza. De seguro está depresiva, pero el análisis tan crítico que tiene de si, tan académico, se contradice con su voz y sus ojos que a veces logra poner llorosos. Tiene unos grandes ojos negros, rodeados de un tinte gris que le da un aspecto aún más lastimero.
Jeans, chaleco azul, una gran cartera café. Repite muchas veces “cachai”. A su amiga la miré hace un rato y sonreía. Fue entonces que la joven de ojos cansados afectó un poco más su voz y subió el volumen, como diciendo: “esto va en serio”… “he sufrido mucho-mucho-mucho”. Su voz conmovida se vuelve delicada cuando habla de sus padres. Algo hicieron ellos que ahora ella siente que afecta su autoestima y su matrimonio. Ahora toma agua y ladea la cabeza. Consiguió la total atención de su amiga, quien ahora la mira compasiva y no ríe.
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