Me voy a comprar una casa con vista al mar. Me compraré además un cuaderno de mil hojas, una lapicera y muchos cigarros. Me inventaré un año de vacaciones. Me buscaré una cama amplia, en la cual pueda permanecer más de las horas debidas viendo el amanecer. Siempre sueño con ver llegar el día en el mar, pero aquí no puedo. Necesito entonces una casa que esté dirigida hacia el oriente. Quiero libros, un libro por cada escritor que aún viva, y de los que no también. Quiero mi cuarto lleno de flores de azahar. Y frutillas. Cuando llegue la tarde, quisiera que mi casa se perfumara de limón, y que frente a mi ventana desfilaran las aves más exóticas del mundo: es que conozco tan pocas! Luego me gustaría pasear por mi jardín y reconocer al menos cien especies de árboles. Sentir el pasto entre mis dedos, recostarme ante los últimos rayos de sol del día, cerrar los ojos y sentir como mece el viento las hojas de un eucalipto. Respirar y que se mezcle junto al aroma del mar. Quiero mirar las nubes y que jueguen a esconder tras ellas al sol. Iría a ver el atardecer entre las montañas que acabo de inventar, en un balcón que no alcanza a estar cubierto de musgo, pero que me sugiere que no soy la primera que disfruta estando hay. Perdería quizás una hora inventando historias sobre quiénes se han besado estando donde yo estoy, o cuántas discusiones irrelevantes se han sostenido frente a este atardecer y terminaron queriendo cambiar el mundo. Imaginaría mi sonrisa si tú estuvieses en ese instante sosteniendo mi mano, mientras el sol cae y yo sueño que tenemos un año, un siglo, para estar sentados y abandonarnos a la maravilla del arrebol.
Si me compro una casa, quisiera que ésta tuviese una chimenea grande y frente a ella colocar un sillón que me acoja en las mañanas heladas. Tendría muchas alfombras para poder recostarme en el suelo a leer. Y cubriría cada esquina con flores. Tendría una cocina grande para sentarme a escuchar a mi madre cantar mientras cocina. Y un tragaluz por donde intentaría escaparse el vapor de la olla grande. Mi casa sería de madera y tendría ya cien años. El piso luciría gastado; el techo, a punto de caer. Resonarían ecos apenas se hiciese de noche. A eso de las nueve, llegarían las amigas de mi mamá, o las vecinas y se sentarían a tomar el té. Conversarían mientras yo me recuesto a ver el fuego cobrar fuerzas en la chimenea. Me llegaría el eco de sus risas, de sus palabras sabias hablando de recetas, de verduras y de la vida. Me adormecería con un libro sin empezar entre las manos, les haría creer que nos las oigo. Ellas hablarían de sus vidas con total desinhibición, mientras yo las imaginaría recorriendo los pasajes que describen. Se mezclaría el sueño con sus palabras; descansaría como si fuese mi última oportunidad de hacerlo y al abrir los ojos, estando ahora en mi cama, vería asomarse entre las olas los primeros rayos de sol.
1 comentario:
oye
me gusto caleta tu hsitoria
gran poder de imaginacion y hacer reales las cosas
bkn!
saludos!
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