Quisiera escribirte una carta larga y leértela
de frente, quisiera poder estar escribiéndola en papel, pero los nervios hacen
temblar los trazos y me delataría en la primera línea. Quisiera no tener la
necesidad de escribirte esta carta. A veces, sólo a veces quisiera que se
desvanecieran algunos recuerdos que me apenan.
Sólo a veces, sobre todo en las noches en que tu recuerdo cae sobre mí
con el peso de la distancia, con la ironía de la imposibilidad. Aun hoy siento
deseos de besarte, mirarte a los ojos y esperar encontrar en tu mirada esos
resquicios de esperanza. Cuántas veces te observé esperando encontrar ahí, en
tus ojos, alguna pequeña ventana hacia lo que escondías, lo que te negabas y,
en consecuencia, me negabas a mí. Cuántas veces esperé que descifraras lo que
tenía guardado para ti. Quiero escribir esta carta porque no te olvido. Y tú
sólo dices “qué puedo hacer”.
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